El derecho a no tener dolor en la vejez: una mirada desde la Gerontología y la Medicina del Dolor
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Actualizado: hace 14 horas
La mayor frecuencia de dolor en las personas mayores obedece a múltiples factores que suelen coexistir; y cuando no es tratado adecuadamente, puede transformarse en una de las principales causas de discapacidad en el adulto mayor.

La vejez es una etapa natural del ciclo vital caracterizada por cambios biológicos, psicológicos y sociales propios del envejecimiento. Desde la gerontología moderna, el envejecimiento no se considera una enfermedad, sino un proceso dinámico que debe transcurrir con el mayor nivel posible de autonomía, funcionalidad y calidad de vida.
Sin embargo, uno de los problemas de salud más frecuentes en los adultos mayores es el dolor crónico. Existe una creencia ampliamente difundida según la cual "es normal que a los ancianos les duela todo". Esta afirmación es incorrecta y ha contribuido históricamente a la subestimación y al subtratamiento del dolor en esta población.
Si bien la prevalencia del dolor aumenta con la edad, el dolor no debe ser considerado una consecuencia inevitable del envejecimiento. Por el contrario, constituye un síntoma que merece una evaluación diagnóstica adecuada y un tratamiento oportuno.

¿Por qué es más frecuente el dolor en los ancianos?
La mayor frecuencia de dolor en las personas mayores obedece a múltiples factores que suelen coexistir:
Cambios musculoesqueléticos asociados al envejecimiento
Degeneración articular y artrosis.
Desgaste de discos intervertebrales y estructuras de la columna vertebral.
Pérdida progresiva de masa y fuerza muscular (sarcopenia).
Osteoporosis y aumento de la fragilidad ósea.
Acumulación de enfermedades crónicas
Patologías osteoarticulares.
Enfermedades neurológicas y neuropatías periféricas.
Enfermedades vasculares.
Secuelas de traumatismos, cirugías y enfermedades previas.
Alteraciones en el procesamiento del dolor
Con el envejecimiento pueden producirse modificaciones en los mecanismos de transmisión y modulación del dolor, favoreciendo la persistencia de cuadros dolorosos y aumentando la vulnerabilidad al dolor neuropático.
Factores emocionales y sociales
La soledad, el aislamiento social, la ansiedad, la depresión, los trastornos del sueño y la disminución de la actividad física pueden intensificar la percepción dolorosa y contribuir a la discapacidad.
Inflamación crónica asociada al envejecimiento
Diversos estudios han demostrado la existencia de un estado inflamatorio sistémico de bajo grado relacionado con la edad, conocido como "inflammaging", que puede favorecer el dolor, la fragilidad y el deterioro funcional.

El impacto del dolor en la calidad de vida
El dolor persistente afecta mucho más que una estructura anatómica. Sus consecuencias incluyen:
Disminución de la movilidad.
Pérdida de independencia funcional.
Alteraciones del sueño.
Deterioro del estado de ánimo.
Incremento del riesgo de caídas.
Aislamiento social.
Mayor consumo de recursos sanitarios.
Reducción significativa de la calidad de vida.
Cuando el dolor no es tratado adecuadamente, puede transformarse en una de las principales causas de discapacidad en el adulto mayor.
El derecho a no sufrir dolor innecesario
El alivio del dolor constituye un derecho fundamental de toda persona. Las organizaciones científicas internacionales y las sociedades dedicadas al estudio y tratamiento del dolor coinciden en que el acceso a una evaluación adecuada y a tratamientos eficaces forma parte de una atención sanitaria de calidad.
Toda persona mayor tiene derecho a:
Que su dolor sea escuchado y reconocido.
Recibir una evaluación diagnóstica integral.
Acceder a tratamientos farmacológicos e intervencionistas cuando estén indicados.
Participar activamente en las decisiones terapéuticas.
Mantener el máximo nivel posible de funcionalidad y autonomía.
Preservar su dignidad y calidad de vida.
El compromiso de TIDOL
En TIDOL entendemos que el objetivo del tratamiento no es únicamente disminuir la intensidad del dolor, sino también recuperar la funcionalidad, mejorar la calidad de vida y favorecer un envejecimiento activo y saludable.
La medicina moderna del dolor dispone actualmente de múltiples herramientas diagnósticas y terapéuticas, incluyendo tratamientos farmacológicos, rehabilitación, intervencionismo guiado por imágenes, radiofrecuencia, neuromodulación y abordajes interdisciplinarios, que permiten ofrecer alternativas personalizadas para cada paciente.
Envejecer no significa resignarse al dolor. Reconocerlo, evaluarlo y tratarlo oportunamente constituye una responsabilidad profesional y un derecho de cada persona.
Porque vivir más años debe significar también vivir mejor.
Con mucho amor... a mi Madre.
Dr. Oscar Castañares

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